Queridos compañeros y amigos de la comunidad universitaria de Carabobo:
Al iniciar este año 2026, con el corazón lleno de
gratitud por los aprendizajes del pasado y de esperanza por lo que vendrá, siento la necesidad de compartir con ustedes una reflexión profunda sobre nuestra institución, que tanto amo y a la que he dedicado gran parte de mi vida.
La Universidad, en su esencia, es un espacio sagrado de pluralidad, diálogo racional y respeto a las ideas diversas. Debe ser el faro que ilumine el camino hacia la justicia, la libertad y el bien común en nuestra sociedad. Sin embargo, como seres humanos inmersos en la condición histórica, sabemos que las instituciones no están exentas de la tensión eterna entre el bien y el mal, entre lo que eleva al colectivo y lo que prioriza intereses particulares.
En el año que acaba de concluir, como Secretario de esta casa de estudios —cargo que he ejercido con profundo compromiso desde hace años—, he sido testigo y parte de esfuerzos por defender los pilares fundamentales de nuestra institucionalidad. La Secretaría UC, desde su creación (reapertura UC 1958), ha cumplido funciones primordiales que garantizan el equilibrio de poderes y el funcionamiento democrático de la Universidad. Hoy, con dolor pero sin resentimiento, observo cómo se intenta menoscabar esas atribuciones esenciales, concentrando un poder que, por su naturaleza, debería ser compartido y orientado exclusivamente al servicio de la comunidad universitaria.
Este proceso no es solo administrativo: es un torpedo dirigido al corazón de la institucionalidad que hemos construido generaciones enteras. Duele ver herida de muerte la estructura que sostiene nuestra autonomía y nuestro compromiso con la excelencia académica. Duele, sobre todo, porque en medio de esta lucha por preservar lo justo, el hambre y las necesidades de nuestros compañeros —profesores, empleados y administrativos— siguen apretando, mientras las voces que deberían escucharlos parecen ignorar su clamor.
No hablo desde el rencor, sino desde el amor profundo por esta Universidad, por mis compañeros y, en definitiva, por nuestro país. Las universidades autónomas son baluartes de la libertad de pensamiento y de la justicia social; cuando se debilita su institucionalidad, se oscurece el faro que debe guiar a la nación hacia un futuro mejor.
En este 2026, que intuyo será un año de batalla política, judicial y laboral en defensa de lo correcto, me asaltan preguntas humildes pero esenciales: ¿Cómo seguir contribuyendo, con serenidad y firmeza, a restaurar el equilibrio institucional? ¿Cuál es el camino que nos permita, sin odio ni revancha, recuperar la Universidad para todos, especialmente para aquellos que más sufren las consecuencias de las decisiones desiguales?
Pido a Dios sabiduría y fortaleza para actuar siempre con altura, guiado por los principios de justicia y servicio que nos unen como comunidad académica. Que este nuevo año nos encuentre unidos en la defensa serena de nuestra institución, con la familia en primer lugar y el compromiso inquebrantable con el bien común.
Con afecto, respeto y esperanza, les extiendo un apretado abrazo._
Pablo Aure
Secretario de la Universidad de Carabobo

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