El antiguo dicho romano, atribuido a Julio César
—“La mujer del César no solo debe ser honesta, sino también parecerlo”—, nos recuerda una verdad profunda sobre la vida pública y la percepción humana. En su origen, César se divorció de su esposa Pompeya no porque dudara de su fidelidad, sino porque una mera sospecha, por infundada que fuera, podía manchar la imagen de quien ostenta una posición de responsabilidad. La apariencia de integridad, en ciertos contextos, se vuelve tan crucial como la integridad misma.
Sin embargo, en nuestros días, este principio a menudo se invierte o se manipula. Muchos lo esgrimen no para exigir mayor transparencia a quienes detentan poder, sino como arma para descalificar a quienes osan pensar diferente. Cuando alguien defiende sus convicciones con argumentos firmes, expresa descontentos de frente y rechaza la adulación fácil, de pronto se le exige no solo “ser” correcto, sino “parecerlo” según el criterio de la mayoría o del poder establecido. Y si no encaja en esa imagen prefabricada —si genera “escándalos” al cuestionar lo cuestionable—, entonces se le tacha de problemático, se insinúa que necesita “análisis” o se recurre a mecanismos institucionales para silenciarlo o equipararlo al bando contrario.Es paradójico: quienes más invocan la necesidad de “parecerlo” suelen ser los que menos toleran que otros sean auténticos. Prefieren la uniformidad complaciente a la diversidad de voces; la adulación al debate honesto. Pero la verdadera rectitud no se mide por la aprobación del grupo dominante, sino por la coherencia interna y el coraje de sostener posiciones con argumentos, incluso contra la corriente.Luchar por principios en entornos donde el poder institucional inclina la balanza es agotador, pero también noble. Al final, la historia y la comunidad —esa que ve más allá de las apariencias manipuladas— suelen reconocer a quienes mantuvieron su integridad sin doblegarse. Porque no basta con parecer honesto para serlo; hay que serlo, aunque a veces eso signifique no parecerlo a ojos de quienes prefieren la comodidad del silencio.Pablo Aure

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