viernes, 2 de enero de 2026

Desafíos de los docentes contratados UC/ Pablo Aure

La provisionalidad ilegal y selectiva en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad de Carabobo: un instrumento de control en medio de la crisis institucional venezolana


La Universidad de Carabobo, con sus siete facultades, enfrenta desafíos profundos en su autonomía y calidad académica. Sin embargo, un fenómeno particularmente alarmante y exclusivo se observa en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas: según datos conservadores, al menos el 80% de los profesores son contratados o provisorios, sin estabilidad ni ingreso por concurso público de oposición. El último gran llamado masivo a concursos para profesores ordinarios ocurrió durante mi gestión como decano, hace más de 18 años. Esta situación no solo es irregular, sino ilegal, ya que contradice directamente lo establecido en el Estatuto del Personal Docente y de Investigación de la Universidad de Carabobo, que regula la provisionalidad como medida excepcional y temporal, no como norma perpetua.

En el resto de las facultades de la UC, esta provisionalidad masiva no se replica. Por el contrario, vemos el extremo opuesto en la Facultad de Educación, donde los concursos se han incrementado de manera desproporcional a la demanda estudiantil: menos estudiantes, pero más profesores ingresados por oposición. Mientras en Derecho hay una alta demanda de cupos y formación, pero escasos concursos, en Educación sobran plazas estables ante una matrícula menguante. Esta asimetría no es casual ni se explica por factores administrativos neutros; responde a una intención clara de mantener el control absoluto sobre la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas mediante la inestabilidad laboral docente, haciendo a los profesores vulnerables a presiones y discrecionalidades.

Esta irregularidad no se observa en el resto de las universidades públicas del país, donde la crisis general —con deserción de hasta el 45% de profesores por salarios precarios y falta de recursos— afecta de manera más uniforme, sin esta selectividad flagrante. En Venezuela, las instituciones autónomas como las universidades sufren asfixia presupuestaria y paralización de mecanismos de renovación, pero el caso de la FCJP-UC destaca por su carácter dirigido y violatorio de normativas internas.

Este patrón guarda un paralelismo inquietante con la crisis del sistema judicial venezolano, donde alrededor del 80-85% de los jueces son provisorios —un legado de la "emergencia judicial" de 1999-2000 que se volvió permanente, con destituciones masivas y ausencia de concursos—. En ambos ámbitos, la provisionalidad masiva erosiona la independencia: en los tribunales, somete a los jueces a influencias externas; en la universidad, debilita la formación de juristas críticos y autónomos.

Es imperativo demandar: concursos públicos inmediatos y transparentes en la FCJP-UC, respetando el Estatuto y restaurando la autonomía. Solo así evitaremos que esta inestabilidad selectiva perpetúe el control y el declive. La universidad no es un feudo; es un pilar de la democracia.

Pablo Aure

Secretario UC

jueves, 1 de enero de 2026

Reflexiones al iniciar el 2026: por la institucionalidad y el alma de nuestra UC/Pablo Aure

Queridos compañeros y amigos de la comunidad universitaria de Carabobo:

Al iniciar este año 2026, con el corazón lleno de


gratitud por los aprendizajes del pasado y de esperanza por lo que vendrá, siento la necesidad de compartir con ustedes una reflexión profunda sobre nuestra institución, que tanto amo y a la que he dedicado gran parte de mi vida.

La Universidad, en su esencia, es un espacio sagrado de pluralidad, diálogo racional y respeto a las ideas diversas. Debe ser el faro que ilumine el camino hacia la justicia, la libertad y el bien común en nuestra sociedad. Sin embargo, como seres humanos inmersos en la condición histórica, sabemos que las instituciones no están exentas de la tensión eterna entre el bien y el mal, entre lo que eleva al colectivo y lo que prioriza intereses particulares.

En el año que acaba de concluir, como Secretario de esta casa de estudios —cargo que he ejercido con profundo compromiso desde hace años—, he sido testigo y parte de esfuerzos por defender los pilares fundamentales de nuestra institucionalidad. La Secretaría UC, desde su creación (reapertura UC 1958), ha cumplido funciones primordiales que garantizan el equilibrio de poderes y el funcionamiento democrático de la Universidad. Hoy, con dolor pero sin resentimiento, observo cómo se intenta menoscabar esas atribuciones esenciales, concentrando un poder que, por su naturaleza, debería ser compartido y orientado exclusivamente al servicio de la comunidad universitaria.

Este proceso no es solo administrativo: es un torpedo dirigido al corazón de la institucionalidad que hemos construido generaciones enteras. Duele ver herida de muerte la estructura que sostiene nuestra autonomía y nuestro compromiso con la excelencia académica. Duele, sobre todo, porque en medio de esta lucha por preservar lo justo, el hambre y las necesidades de nuestros compañeros —profesores, empleados y administrativos— siguen apretando, mientras las voces que deberían escucharlos parecen ignorar su clamor.

No hablo desde el rencor, sino desde el amor profundo por esta Universidad, por mis compañeros y, en definitiva, por nuestro país. Las universidades autónomas son baluartes de la libertad de pensamiento y de la justicia social; cuando se debilita su institucionalidad, se oscurece el faro que debe guiar a la nación hacia un futuro mejor.

En este 2026, que intuyo será un año de batalla política, judicial y laboral en defensa de lo correcto, me asaltan preguntas humildes pero esenciales: ¿Cómo seguir contribuyendo, con serenidad y firmeza, a restaurar el equilibrio institucional? ¿Cuál es el camino que nos permita, sin odio ni revancha, recuperar la Universidad para todos, especialmente para aquellos que más sufren las consecuencias de las decisiones desiguales?

Pido a Dios sabiduría y fortaleza para actuar siempre con altura, guiado por los principios de justicia y servicio que nos unen como comunidad académica. Que este nuevo año nos encuentre unidos en la defensa serena de nuestra institución, con la familia en primer lugar y el compromiso inquebrantable con el bien común.

Con afecto, respeto y esperanza, les extiendo un apretado abrazo._

Pablo Aure
Secretario de la Universidad de Carabobo