¡Hasta
cuándo!
Universidad: ¡última
trinchera!
@pabloaure
La grave crisis de la educación en Venezuela es una de las
grandes preocupaciones que nos aquejan. No abarcaré toda la problemática ni
mucho menos todos los niveles del sistema educativo, solo me referiré a algunos
aspectos de la educación superior en la cual me he desempeñado como gerente en
la Universidad de Carabobo desde hace más de tres lustros. En efecto, desde
director de la escuela de Derecho, pasando por el decanato de su facultad primogénita
(la de Ciencias Jurídicas y Políticas) y ahora, ocupando el cargo de secretario.
La Secretaría de las universidades de acuerdo a la Ley son las encargadas de
certificar los documentos que de ellas emanan. Pudiéramos decir que casi todos los
documentos que emite la Universidad pasan por las manos del secretario.
Hago esta introducción para que se entienda que no escribiré
sobre especulaciones, sino con pleno conocimiento de causa. Es decir, relataré
lo que he vivido, no solo como gerente sino también como docente, pues estoy
activo en mis horas de clases desde hace casi treinta años. La Universidad de
ayer no se parece en nada a la que tenemos hoy. Sus carencias y dificultades
cada día se multiplican. Gerenciar la Universidad del pasado -cuando en
Venezuela se invertía en la educación- no es ni la sombra a esta Universidad de
guerra. Hoy, literalmente: sobrevivimos. Son muchas las causas para decir esto.
Desde lo económico hasta cualquier otro motivo que ustedes se puedan imaginar. A
pesar de la gravedad existente, nuestros trabajadores están allí, llenos de preocupaciones
al igual que los estudiantes. Todos sabemos que estamos muy mal pero lamentablemente
nos quedamos solo en la preocupación y no logramos avanzar, por lo que hemos
retrocedido. Las constantes luchas son para exigir salarios o becas dignas, que
sinceramente están muy lejos de la dignidad en el trato que merecen trabajadores
y estudiantes.
Hoy imposible pensar que un profesor haga sus estudios de
cuarto o quinto nivel en una institución de Europa, eso es impensable el euro o
el dólar al cambio, son inaccesibles. Antes, que los profesores viajaran, era lo
común durante los años sabáticos o planes conjuntos. Mis profesores, casi todos,
hicieron sus maestrías o doctorados en Italia, Inglaterra, Francia o España. Estudié
Derecho. Daba gusto escuchar una exposición de mis maestros recién llegados de
cursar estudios en el exterior, nos traían exquisitas enseñanzas. Criterios con
experiencias vividas en el primer mundo. Con dolor lo digo: esa Universidad ya
desapareció. Hoy nuestros colegas profesores estudian en la misma universidad,
aunque son de buena calidad esos estudios, no es lo recomendable, porque se
produce lo que los colombianos llaman “la promiscuidad académica”. Lo interesante
del postgrado es realizarlo en otras
universidades y si es posible en otros países.
Universidad, herida de
muerte.-
La Universidad venezolana si se mantiene bajo el mismo
esquema, está condenada a morir. Lo escribo con angustia. El desvelo de sus
autoridades no puede ser la de mendigar le asignen presupuesto para poder
mantenerlas abiertas. Eso es lo que a diario hacemos. Suena feo, pero debo decirlo.
La mayoría de los salones tienen los aires acondicionados dañados, las oficinas
prácticamente igual, a oscuras o con poca iluminación, las becas de los
estudiantes son miserables, quince mil o dieciocho mil dependiendo del tipo de beca.
¿Sabrá el régimen cuánto cuesta alquilar un cuarto, o el pasaje en autobús, sin
pensar en un cachito, una empanada, un sándwich, un jugo o cualquier otra
chuchería? La respuesta es: sí lo sabe, pero ellos, el régimen, insiste en su propósito
de destruir la moral burguesa. Para ellos -el régimen-, quienes estudian y se
superan son burgueses y, en consecuencia su moral deben destruir.
Hablar del sueldo de los trabajadores, solo para mencionar el
de los profesores es hasta vergonzoso. Claro que da pena si lo comparamos con
lo que gana un docente en los países donde valoran la educación. Al cambio amigos
míos, un profesor universitario en Venezuela no gana ni siquiera un dólar diario.
Todos los días hablo con mis alumnos, con los empleados,
obreros y profesores, también lo
discutimos en las reuniones de autoridades. Concluimos en que hay que asumir la
verdadera lucha, no solo para defender la UC, mantenerla abierta y reimpulsarla,
sino para rescatar la democracia en Venezuela.
He hablado muchísimo con mi rectora y amiga Jessy Divo de
Romero, a quien la historia reconocerá como una ciudadana ejemplar, honesta,
universitaria que dedica el tiempo que sea necesario para mantenernos unidos (a
las autoridades). Solo así ha sido posible que la UC continúe activa. Nuestra
UC se mantiene funcionando por ella, por su dedicación y por su permanente acercamiento con los distintos gremios. Su
regio, decente y convincente discurso, ha hecho posible lo que para otros quizá
era irrealizable. A ella, nuestra rectora, mi respeto y admiración. Pues bien,
en esas conversaciones siempre el tema que sale al tapete es la falta de
recursos, la renuncia de trabajadores y la deserción estudiantil. Esos aspectos,
al igual que los constantes hurtos, falta de transporte, deficiencia proteica para
el comedor, reparación de la infraestructura, falla de los servicios públicos como
el agua o la luz eléctrica; ya parecen una letanía pero son problemas que
debemos atender constantemente. Desde luego, una Universidad en esas
condiciones difícilmente puede ser productiva; y eso para no tardar en explicar
los mecanismos para la reposición de material que cada vez son más engorrosos. Lo
son, porque la UC, por ser una institución pública, debe regirse por procesos
de contratación que están regulados en la Ley de contrataciones y, tal como
está el costo de la vida, con una inflación exorbitante, hasta para comprar una
caja de papel bond hay que hacer un llamado a licitación. En definitiva amigos,
la gerencia de esta Universidad es una tarea cuesta arriba. A eso, también hay
que sumarle las rendiciones periódicas de cuentas a la auditoria interna y
luego a la Contraloría General de la República. De cada bolívar que ingresa a
las arcas universitarias debe explicarse cuál será su destino final. Eso está
muy bien, si los recursos fueran suficientes y no viviéramos agobiados por la
inflación. El presupuesto que hoy nos dan para adquirir un producto tiene una vigencia a lo sumo de tres
días, esto quiere decir que, cuando se abre el proceso de contratación, el
precio ha variado y por bastante.
Universidad, cuna de
libertades.-
Hemos venido diciendo que la Universidad hay que
reinventarla, pero es menester decir también que ninguna modificación que le
hagamos podrá subsistir bajo este sistema político que padece el país. Mientras
estemos en dictadura, quizá seguiremos administrando nuestra alma mater con los
parámetros que nos impone una especie de economía de guerra, pero sin embargo urge
cambiar nuestro comportamiento personal. Me explico. Si queremos salvar la
Universidad y transmitir nuestro reflejo hacia el país, cada miembro de la
comunidad universitaria debe convertirse en un líder para los cambios. Ustedes
se preguntarán ¿cómo es eso? Muy sencillo: cumplir con nuestros deberes laborales
y estudiantiles hasta convertir a la Universidad en nuestra trinchera de lucha
para vencer la indiferencia ciudadana, para alertar el peligro que acecha no
solo al alma mater sino también al país de continuar este régimen de oprobio
que ha empobrecido al pueblo venezolano.
La Universidad no se rinde.-
Sin miedo tenemos que defender las ideas, sin miedo hay que
alzar nuestra voz libertaria: en los salones, en los laboratorios, en el
transporte, en los pasillos y en las comunidades donde residamos. No nos
detengamos en pensar que no hay condiciones mínimas para el trabajo o para el
estudio, lo que tenemos que tener es agallas y talento para esgrimir nuestras
ideas, que trasciendan más allá de los espacios universitarios. Tenemos que
estar muy claros que el principal enemigo de los regímenes de talante
dictatorial son los universitarios. Somos los llamados a recuperar el país.
No perdamos más tiempo. ¡Es ahora o nunca! Que nadie falte a
clases, que nadie falte a sus puestos de trabajo, solo así, recuperaremos y
transformaremos nuestra UC y desde allí conquistaremos la libertad venezolana. Todavía
podemos decir que el único espacio con indicio republicano lo tenemos en nuestras
universidades. ¡A estudiar y a luchar!
Pablo Aure
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